Madeleine Selman
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La cartografía de lo invisible: Ensayo de Alay Fuentes | Madeleine Selman

La cartografía de lo invisible: El palimpsesto espiritual de Madeleine Selman

27 de agosto de 2026

La obra de Madeleine Selman emerge como un archipiélago simbólico donde confluyen la abstracción gestual, la memoria ancestral africana y una espiritualidad que se despliega en el lienzo como un mapa de heridas y resistencias. Como artista cubana radicada en Barcelona, Selman construye un universo plástico que desafía las clasificaciones convencionales, tejiendo un lenguaje visual donde el color, la textura y el símbolo se funden en una síntesis de profunda densidad emocional. Como ella misma afirma: "Para mí, crear es un acto de entrega absoluta. Más que una técnica, el arte es la alquimia de mis emociones convertidas en textura y forma".1 Esta declaración no es un mero enunciado poético, sino el fundamento de una práctica artística que no renuncia a su conexión esencial con la realidad, sino que la reinventa desde la subjetividad de la experiencia. La pintura de Selman se inscribe en esa tradición del expresionismo abstracto que mantiene cierta inspiración natural que la hace devenir en un arte dinámico, lleno de color y movimiento. En ese crisol donde convergen el arte abstracto, el surrealismo y los símbolos afrocubanos, su trabajo no solo refleja su herencia cultural, sino que también se convierte en un vehículo para la reflexión sobre la condición humana y las luchas contemporáneas, especialmente en relación con las causas femeninas. Graduada en Derecho por la Universidad de La Habana, pero con una experiencia previa en la psicología, Selman encontró en la pintura, a partir de 2021, un vehículo para expresar aquello que los lenguajes jurídicos y psicológicos no pueden nombrar. En su práctica, la abstracción no funciona como un fin en sí mismo, sino como el puente necesario para articular aquello que, por su naturaleza espiritual y mítica, resiste la figuración mimética. Su cosmovisión profundamente enraizada en el sustrato afrocubano, erige un territorio donde el trauma, la memoria y el ritual convergen en una estructura interna que, paradójicamente, se manifiesta en la aparente libertad de sus composiciones. Sus clases privadas con José León Coro (Chino León), profesor de la Academia Nacional de Bellas Artes de Cuba, le proporcionaron la técnica, pero fue su propia historia de migración y resiliencia la que modeló su mirada. A partir de los ochenta del pasado siglo fueron varios los creadores que optaron por una vertiente de singular motivación cognoscitiva; de tal suerte se propusieron redimensionar, a través de los recursos interpretativos y semióticos del arte, fenómenos vinculados con diversos campos del saber científico: el redescubrimiento de la flora y fauna continental y antillana, los seculares asentamientos del ancestro aborigen con la consecuente (re)composición de su imagen y su universo mitológico desde una perspectiva que roza con afanes etnográficos, o las raíces 1 Sitio web oficial de Madeleine Selman, madeleine.es La cartografía de lo invisible: El palimpsesto espiritual de Madeleine Selman Ensayo crítico sobre la obra visual de Madeleine Selman Por Alay Fuentes Bejerano gnoseológicas del pensamiento mágico religioso del hombre americano y sus esencias sincréticas deudoras del componente africano pero igualmente depositarias de un catolicismo impregnado a lo largo de varios siglos.2 Selman se adhiere a esta última línea creativa, y la proyecta hacia una contemporaneidad marcada también por el exilio y la búsqueda de identidad. El componente afrocubano es quizás el más distintivo de su obra, sumándose al diálogo constante que ha mantenido el arte cubano con la abstracción geométrica y las tradiciones afrodescendientes desde finales del siglo XX. Su firma, IL, es una invocación que hunde sus raíces en la lengua yoruba y se traduce como "El manto del río que me protege". Más que un signo de autoría, es un acto de memoria y de protección, una manera de inscribir su obra en una tradición espiritual donde el verbo no solo señala, también evoca. 1. Selman utiliza la abstracción no como un fin en sí mismo, sino como una herramienta de reducción fenomenológica. En su obra, la forma no ilustra el objeto, sino que lo convoca. Al igual que los maestros del expresionismo alemán, especialmente en su vertiente espiritual, la artista emplea el color y la gestualidad para alcanzar una resonancia emocional directa. Si bien sus composiciones apelan a una libertad compositiva propia de la abstracción lírica, su propuesta visual dialoga también con la tradición del informalismo y la gestualidad expresionista. Así lo refleja la densidad matérica de sus piezas —fruto de una técnica mixta que amalgama soportes y texturas diversas— que evoca la crudeza emocional del expresionismo alemán. Sus lienzos funcionan como puntos de encuentro donde el color intenso actúa como un catalizador de energía, una vibración que trasciende lo puramente visual para tocar la psique del espectador y humanizar formas, materiales y objetos. Las máscaras, uno de los elementos más recurrentes en sus obras, van desde lo teatral, veneciano y europeo a lo carnavalesco, mítico y religioso a través del color e intervención plástica. Son muestras de ese corpus religioso transculturado y de la representación de la temática mitológica como sustrato de la vida real. Los objetos, materiales y telas empleados abrazan también esa ̈ambigüedad ̈ de la que habló Ernst H .Gombrich, manifiesta en la pintura abstracta para impedir que interpretemos sus marcas en la tela como representaciones de cualquier especie.3 Son lienzos que parecen estar en el limbo entre desvanecerse o comenzar a existir. Desde la óptica de la psicología del arte, Selman utiliza la estructura de patrones rituales como un mecanismo para ordenar el caos emocional, un proceso que recuerda las tesis de los grandes teóricos de la abstracción sobre la necesidad interna del artista. El uso de símbolos fragmentados 2 María de los Ángeles Pereira, ̈La plástica cubana en el continuo de sus desafíos: antes y durante un período especial ̈, Universidad de La Habana, 1999, 247-260 3 Ernst Gombrich, Arte e ilusión (Estados Unidos: Pantheon Books, 1959). La cartografía de lo invisible: El palimpsesto espiritual de Madeleine Selman Ensayo crítico sobre la obra visual de Madeleine Selman Por Alay Fuentes Bejerano y rostros que emergen de la mancha abstracta permite al espectador una participación activa; la obra se completa en la mirada del otro, convirtiéndose en un espejo de su propia subjetividad. Podemos afirmar entonces que su obra se despliega en la intersección de tres líneas creativas: el expresionismo abstracto, el surrealismo y la simbología afrocubana. Esta síntesis no es ecléctica sino orgánica: cada una de estas corrientes responde a una dimensión de su experiencia. En Selman, esta integración es consciente y política. Sus obras invocan la iconografía de las deidades afrocubanas —los Orishas—, no desde el costumbrismo, sino a través de una abstracción simbólica donde el color actúa como atributo litúrgico. Existe en su paleta una vibración que recuerda al impresionismo francés, no tanto por su factura lumínica, sino por la capacidad de atrapar el "instante" espiritual. El expresionismo abstracto se manifiesta en el uso de los colores simbólicos dentro de la cultura afrocubana, así como en el cinetismo que imprime a sus obras a través de telas plisadas, de pinceladas como puntos y manchas y repetición de motivos. La serie "Manos" ejemplifica esta dimensión: "Mis manos no solo tocan el mundo; intentan sostener el misterio de lo que no podemos ver".4 El gesto pictórico se convierte aquí en extensión del cuerpo y del deseo de asir lo intangible. Son manos que salen de la planicidad del cuadro con una multiplicidad de significados que van desde lo cósmico y espiritual, hasta reflexiones sobre el carácter lineal y efímero del tiempo. Son manos que dan, ofrendan, sostienen, cuidan, y representan el ̈hacer ̈ y el ̈crear ̈ cómo acto transformador. La obra El guardián de lo eterno, que forma parte de esta serie, nos recuerda a los relojes de Dalí, aunque a diferencia del artista catalano, Selman coloca engranajes dispersos para jugar con la deformación del tiempo. El surrealismo, aparece en esta y otras de sus obras, no como estilo sino como método para acceder a lo onírico y lo inconsciente. 2. La presencia de los símbolos yorubas en la obra de Selman —de deidades o orishas— responde a los códigos visuales de un surrealismo caribeño que no busca como el surrealismo europeo la liberación del subconsciente individual a través de estudios psicoanalistas, sino que se canaliza a través de un inconsciente colectivo con fuerte influencia cultural en mitos, tradiciones orales, creencias y la propia historia de la región. Las texturas orgánicas que incorpora en sus obras, refuerzan la noción de "tierra", "raíz" y "transculturación". La materia en sus cuadros —el grosor, la huella, el rasgado— es la encarnación física de la historia que sobrevive en la memoria. Sus rostros no son retratos, sino entidades. La obra Ochosi es una de las más explícitas en su homenaje a la religión yoruba en Cuba. Dedicada al orisha cazador y vigilante del panteón yoruba, la pieza utiliza texturas que evocan la naturaleza: un fondo amarillo terroso que recuerda las sabanas, tela de satén azul que fluye como aguas tranquilas, y en el centro, el arco y la flecha de Ochosi, confeccionados con texturas que 4 Sitio web oficial de Madeleine Selman, ̈ MANOS de Madeleine Selman: Materialidad, gesto y poética del objeto ̈, madeleine.es La cartografía de lo invisible: El palimpsesto espiritual de Madeleine Selman Ensayo crítico sobre la obra visual de Madeleine Selman Por Alay Fuentes Bejerano imitan la madera y la piel de leopardo. Esta obra la materialidad misma se convierte en vehículo de lo sagrado, en ofrenda. En su serie Shadow Box, Selman despliega "un universo donde la mirada se convierte en territorio y el silencio en un lenguaje propio" 5 . A través de ojos que se integran con formas orgánicas e irregulares discursa sobre los procesos que moldean, construyen y reconfiguran la identidad personal y colectiva. Estos ojos nos remiten también a Eleguá, deidad de las posibilidades, que mira en diferentes direcciones y abre los caminos. En la obra Naufragio de la Razón —título que dialoga explícitamente con el legado surrealista—lo que naufraga y encalla en el lienzo no son barcos, sino fragmentos de la razón misma. Esta fractura de la razón remite a la experiencia del exilio y la pérdida, pero también a la posibilidad de construir nuevos sentidos desde el fragmento. En Marea de gala y Lo que el mar no pudo llevarse la artista vuelve a dialogar con el mar. El mar alude al componente en la religión afrocubana acercándonos a deidades como Yemayá pero también a ese fenómeno constante del arte cubano de representar el mar como espacio de migración, como desarraigo, como límite entre los que se van y se quedan. Selman representa así, en la tradición de artistas como Manuel Mendive, una concepción del arte como práctica espiritual. Pero su mirada añade una dimensión singular: la de la mujer migrante que reconstruye su panteón personal en la diáspora. La representación de las diosas africanas en la cultura afrocubana no es para ella un ejercicio de folclorización, sino un acto de recuperación de un linaje femenino de poder. La producción artística afrocubana contemporánea emplea símbolos y máscaras como vehículo para visibilizar la complejidad, mestizaje y sincretismo cultural e identitario. Selman continúa esta práctica, pero la inscribe en el contexto del exilio y la reconstrucción identitaria. 3. La intersección entre la identidad femenina y la espiritualidad yoruba es, quizás, el eje conceptual más potente de su trabajo. Selman aborda la representación de las diosas africanas desde una perspectiva de género contemporánea, despojándolas de la visión folclórica para restituirles su agencia como símbolos de poder, resiliencia y creación. Este activismo de la forma es una constante en su producción; cada lienzo es un alegato contra la invisibilidad histórica de la mujer. En una de sus obras más personales ̈Mujer ̈, aborda la lucha contra el cáncer de mama y de útero, una batalla que ella misma vivió en su propio cuerpo: "Este último no es solo un tema de inspiración para mí; es una batalla que viví en mi propio cuerpo. Cada pliegue de esta tela representa un momento de incertidumbre, pero también de 5 Sitio web oficial de Madeleine Selman, ̈ Shadow Box: Serie de obras surrealistas en técnica mixta de Madeleine Selman ̈, madeleine.es La cartografía de lo invisible: El palimpsesto espiritual de Madeleine Selman Ensayo crítico sobre la obra visual de Madeleine Selman Por Alay Fuentes Bejerano resistencia. La máscara plateada es mi rostro y el de tantas guerreras: una armadura brillante que protege nuestra vulnerabilidad".6 Las conchas, asociadas en muchas culturas a la fertilidad, feminidad y vinculada en las culturas prehispánicas con deidades lunares y de procreación son en la pieza símbolo de refugio, una metáfora de la protección que la mujer debe construir en un mundo que a menudo la vulnera. Selman reconfigura la iconografía de la mujer negra y mestiza, sacándola del exotismo para situarla en el centro de un discurso de poder y misticismo. Conceptualiza la feminidad no solo como rasgo biológico, sino como un eje de conocimiento y resistencia. La "diosa" en su obra es una mujer empoderada, que dialoga con los referentes culturales de sus diversas naciones de residencia (Cuba y España), creando una síntesis que cuestiona los sistemas de valor y visibilidad que han excluido ciertas voces. Su trabajo, como el de otras artistas de la diáspora, reclama espacio dentro de un canon de historia del arte que ha excluido durante mucho tiempo voces como la suya. 4. La técnica mixta en la obra de Selman no es un recurso estilístico sino una filosofía. El uso de materiales diversos —desde conchas hasta máscaras, desde telas hasta objetos metálicos— responde a una concepción del arte como ensamblaje de memorias. Como en la serie Rey Midas, donde retoma el mito del monarca que convertía en oro todo lo que tocaba, Selman practica una especie de alquimia donde transforma materiales humildes y objetos desechados en arte, e inversamente despoja a materiales como el oro de ese carácter impoluto y de sacralidad para presentarlo como un sustrato físico más. De esta forma la artista cuestiona los sistemas de valor del mercado y la historia del arte. Los objetos dejan de ser copias banales para convertirse en piezas portadoras de otro valor: experiencias personales, lejanía de la patria, nostalgia de su hogar, sus creencias. Esta práctica dialoga con las reflexiones de Ernest H. Gombrich sobre la función del arte como hacer y recrear el mundo, pero también con las propuestas más contemporáneas sobre la materialidad como significado. Como ha señalado Alberto Carlos Romero Moscoso, el arte contemporáneo se caracteriza precisamente por esta capacidad de hibridar lenguajes y materiales, de borrar las fronteras entre disciplinas.7 Esta riqueza sensorial permite que cada espectador encuentre su propio significado, haciendo de la experiencia artística algo profundamente personal. 6 Sitio web oficial de Madeleine Selman, ̈Madeleine Selman: El arte como lenguaje del alma ̈, madeleine.es 7 Alberto Carlos Romero Moscoso, ¿Qué era el arte contemporáneo? (Bogotá: Universidad Externado de Colombia, 2018) La cartografía de lo invisible: El palimpsesto espiritual de Madeleine Selman Ensayo crítico sobre la obra visual de Madeleine Selman Por Alay Fuentes Bejerano Conclusiones La obra de Madeleine Selman es un testimonio del poder del arte para explorar y expresar identidades complejas. Su fusión de influencias culturales y técnicas artísticas no solo refleja su rica herencia afrocubana, sino que también plantea preguntas fundamentales sobre la espiritualidad y el lugar del individuo en el mundo. A través de su trabajo nos invita a un viaje introspectivo donde cada pieza es una provocación a descubrir nuestras propias historias y emociones. En un contexto global donde las identidades se entrelazan y transforman, la obra de Selman se presenta como un faro de esperanza y reflexión, recordándonos que el arte tiene el poder de conectar lo personal con lo universal. Sus creaciones no son únicamente pinceladas en el lienzo; sino que requieren la mirada del otro para alcanzar su sentido pleno. Esta invitación a la co-creación sitúa su práctica en el horizonte del arte contemporáneo, donde el espectador deja de ser receptor pasivo para convertirse en intérprete activo. En un mundo marcado por el desplazamiento y la fragmentación, la plástica de Selman ofrece la posibilidad de re-componer los fragmentos, de encontrar, en la textura y el color, un lenguaje para lo que las palabras callan. Escrito por: Alay Fuentes Bejerano Trabajos citados Gombrich, Ernst H. Arte e ilusión. Estados Unidos: Pantheon Books, 1959. Pereira, María de los Ángeles. « ̈La plástica cubana en el continuo de sus desafíos: antes y durante un período especial ̈.» Universidad de La Habana, 1999: 247-260. Romero Moscoso, Alberto Carlos. ¿Qué era el arte contemporáneo? Bogotá: Universidad Externado de Colombia , 2018. Selman, Madeleine. . s.f. madeleine.es (último acceso: Julio de 2026).